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Inicio Trabajos de los alumnos 4º ESO Ne hubiera gustado... Me hubiera gustado estar en los Juicios de Nuremberg.

Me hubiera gustado estar en los Juicios de Nuremberg.

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Me hubiera gustado estar en los Juicios de Nuremberg, y dentro de este proceso me hubiera gustado ser Robert H. Jackson. Para ser más exactos, eligiría haber estado en el momento de la condena de los grandes mandos nazis.

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Robert Jackson no es una personalidad extremadamente conocida . Pero a mi modo de ver es un personaje de gran importancia en la lucha contra el nazismo. Pero primero hay que saber exactamente quién fue Robert Jackson:

Robert H. Jackson ( 18921954) fue Fiscal General de los Estados Unidos, Juez Asociado de la Corte Suprema de los Estados Unidos y Fiscal Jefe durante el juicio principal dentro de los Procesos de Núremberg.

Nació en el poblado de Spring Creek, en Pensilvania y se trasladó a estudiar derecho a Nueva York en 1909. Fue nominado por Franklin D. Roosevelt (Presidente de los EE.UU que implantó el New Deal para salir de la crisis en 1933)  a puestos oficiales en 1934. Dos años después, en 1936, entró a trabajar en la Fiscalía General de los Estados Unidos, primero como subdirector y en 1938 hasta 1940 como Fiscal Jefe, representando los intereses del gobierno federal ante la Corte Suprema.

En 1940 reemplazó a Frank Murphy como juez asociado en la Corte Suprema, hasta que fue enviado por Roosevelt, como representante de los Estados Unidos, a la reunión entre las potencias aliadas que dio nacimiento a la Carta de Londres.

Trabajó con gran vigor con el fin de demostrar y hacer castigar a la maquinaria de destrucción y muerte creada bajo el gobierno de Hitler. Entre sus acusados estaba Hermann Göring quien debilitó notablemente los argumentos en su contra e hizo que Jackson (quien estuvo a punto de declararse incompetente) se replanteara en la forma de exponer las evidencias consolidando su posición. Su nueva forma de exponer argumentos y su inciativa de presentar testigos supervivientes de los campos de concentración, lo hizo famoso.

Fue él quien sugirió a la ciudad de Nuremberg como localidad del tribunal, debido a que era esta la única ciudad que disponía de un palacio de justicia con suficiente espacio y el cual solamente había sido dañado levemente durante los bombardeos de la guerra.

Este fue Robert H. Jackson, y ahora explicaré los motivos de mi elección.

Alguien dijo una vez que lo que necesitamos en este mundo son valientes. Gente que no dude ni un solo segundo de su verdadera vocación. Gente que arriesgue todo a una , incluso sabiendo que es probable que pierda más de lo que apuesta. Y alguien así fue Robert H. Jackson.  Siguió sus gustos desde que era jóven, y pronto se convirtió en un elemento muy importante en el sistema judicial estadounidense. No fue un héroe corriente, no salvó  a una nación, pero sí hizo justicia. Y si nos ponemos en su situación, no fue nada fácil. Enfrentarse a los líderes y creadores del mayor crímen de la humanidad tuvo que ser muy duro, ya que arriesgaba su vida, sabiendo que los seguidores del nazismo eran muchos y que en cualquier momento podían querer venganza.

Jackson, como todo innovador, se encontró con muchas dificultades a la hora de juzgar a los criminales. Por ejemplo, hasta este momento, nunca antes había habido un proceso parecido, por el simple hecho de que jamás antes se había producido un crimen de tales magnitudes, lo que a partir de estos juicios conocemos como genocidio o crímen contra la humanidad.

La acusación, entre la que Jackson se encontraba,  formuló cuatro cargos:

1.- Crímenes contra la paz: es decir, actuaciones que llevaran a la planificación o ejecución de violaciones de tratados internacionales o comisión de actos de agresión injustificada contra naciones.

2.- Crímenes contra la humanidad: planificación, ejecución o participación en exterminios y genocidios.

3.- Crímenes de guerra: violaciones de las leyes y convenios internacionales sobre la guerra.

4.- Conspiración: actuación con otros o asociación con ellos para cometer cualquiera de los crímenes señalados en los cargos anteriores.

Se dictó sentencia el 1 de octubre de 1946, los jueces hallaron a 19 de los 22 acusados culpables de alguno de los cargos que se les imputaban. Hess, Raeder y Funk fueron condenados a cadena perpetua; Speer y Schirach fueron condenados a veinte años; Neurath a quince años; Doenitz a diez años. Condenados a morir en la horca: Göring, Ribbentrop, Keitel, Kaltenbrunner, Rosenberg, Frank, Frick, Streicher, Seyss-Inquart, Sauckel , Jodl, Bormann (fue condenado en ausencia puesto que se hallaba prófugo). En lo que respecta a los acusados Schacht, Fritzsche y Von Papen fueron increíblemente absueltos. Y es justo este momento el que me hubiera gustado presenciar, simplemente para observar como el mundo supo plantar cara al nazismo.

La causa se fue desarrollando durante diez meses y diez días, en 216 sesiones.

Se emplearon 4 idiomas: inglés, francés, ruso y alemán. Cada delegación de los cuatro países que componían el tribunal estaban integradas por 600 personas que se afanaron en buscar pruebas. Se analizaron más de diez mil documentos y se utilizaron películas como pruebas.

Y los juzgados fueron los que a continuación aparecerán junto con la actitud que tuvieron en el juicio:

El único jerarca  que acompañó a Göring durante el proceso fue Rudolph Hess quien, por su parte, aparentó no estar  en sus cabales. Durante los interrogatorios Hess  sonreía sin motivos, miraba fijo al techo o dibujaba mamarrachos sobre su banquillo. Apenas en su alegato final esbozó cierto grado de cordura cuando dijo que no se sentía arrepentido de haber servido al hombre más importante que había nacido en tierras alemanas en los últimos mil años, refiriéndose naturalmente a Adolf Hitler. Nunca se sabrá si Hess simuló su estado de locura aunque sus miradas cómplices con Göring parecen ratificar esta sospecha. Hermann Göring, por su parte, también defendió a Hitler con una vehemencia que mereció la admiración de sus adversarios. . El resto de los prisioneros, especialmente los ministros de Hitler, demostaron una conducta cobarde y egoísta que no sólo indignó a Göring sino también a sus acusadores. El arrogante y soberbio Ribbentropp se rebajó a niveles increíbles con tal de salvar su pellejo pronunciando frases ridículas como cuando se negó a revelar los secretos del pacto ruso-germano de 1939 alegando sus deberes de discreción como diplomático; Schact no entendía de qué lo acusaban; Frank apelaba al juicio de Dios para condenar el reinado de Hitler; Kaltembrunner  se consideraba una víctima de Himmler; Von Papen en su rol de corderito inocente consideraba a Hitler como un embustero patológico que los había engañado a todos;Hess repetía que no se acordaba de nada; Keitel se escudaba en su obediencia como soldado y por lo tanto se consideraba exento de toda responsabilidad. Albert Speer, organizador de la industria bélica, fue el único junto a Göring que no trató de eludir su responsabilidad y contestó siempre con rectitud.

Y ante todo esto, Jackson, con su nueva forma de exponer argumentos y su inciativa de presentar testigos supervivientes de los campos de concentración , lo  que le hizo famoso, resistió a pesar de las numerosas dificultades. Y consiguió, con su esfuerzo demostrarle al mundo, que no existen utopías. Que sólo se trata de no rendirse, de ser fuerte y sobre todo, de esforzarse.

Por lo tanto, me parece una pieza fundamental para entender el Derecho y la Justicia. Además es un ejemplo de una persona solidaria. Se supo poner en el papel de la gente judía, que tanto había sufrido y tanto había perdido. Supo entender que aunque a él posiblemente jamás le pasara algo parecido, esa gente necesitaba, sino venganza, al menos ver que todas esas víctimas habían servido para acabar con lo que probablemente más daño a hecho a la Humanidad, el nazismo. Y por eso, por su afán de superación, que se vé sin conocerlo en profundidad, solo sabiendo como actúo. Y porque me parece tan sangriento, tan excesivo y tan extremista el movimiento nazi, que es la mejor persona para representar que también hubo gente involucrada, que sabía lo que quería y que poco a poco, nos facilitaron el presente y nos allanaron el terreno, ya que...¿qué pasaría ahora si ocurre algo semejante? La respuesta es nada. Porque los más de 6.000 millones que viven en la Tierra saben que no hubo mayor enemigo en el siglo XX que el fascismo, y el nazismo en concreto. Quizás lo que le hubiera dado definitivamente mi admiración a Jackson, hubiera sido juzgar a Hitler, aunque fue imposible ya que este se había suicidado antes. No estoy muy segura de que argumento utilizaría él, pero si tengo claro cuál sería el mío: acabar con la vida y los sueños de millones de personas que la única culpa que tenían era haber nacido en las circunstancias en las que lo hicieron.

En definitiva, he elegido a Robert H. Jackson porque a veces, aunque alguien no haya pasado a la historia como el hombre que salvó el mundo, con cada pequeña victoria, se puede conseguir mucho, y más si se hace con el corazón, como él lo hizo.

Webgrafía:

 http://sgm.casposidad.com/nuremberg/nuremberg.htm

http://www.galeon.com/historiadeisrael/juicios_de_nuremberg.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_H._Jackson

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Actualizado ( Domingo, 15 de Mayo de 2011 20:14 )  
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